Tailandia es el único país del Sudeste Asiático que nunca fue colonia europea, y buena parte de lo que sorprende al visitante se deriva de ahí: el calendario, el alfabeto, la manera en que el Estado se presenta y el hecho de que tanta vida cotidiana no se interrumpiera nunca.
Estas son diez cosas que suelen descolocar.
- Bangkok tiene el topónimo más largo del mundo. Su nombre ceremonial completo, que empieza por Krung Thep Maha Nakhon, pasa de ciento sesenta letras. Los tailandeses dicen simplemente Krung Thep, «ciudad de los ángeles».
- Estamos en 2569. Tailandia cuenta según la era budista, quinientos cuarenta y tres años por delante del calendario occidental.
- El nombre significa «país de los libres». Prathet Thai sustituyó a Siam en 1939, y el país nunca fue colonizado.
- Cada día de la semana tiene un color. El amarillo es el del lunes, día en que nació el rey Bhumibol, y por eso el país entero se vuelve amarillo en los aniversarios reales.
- El reinado más largo de un monarca tailandés duró setenta años. Bhumibol Adulyadej gobernó de 1946 a 2016.
- El pad thai fue un proyecto de Estado. Se promovió en los años cuarenta para reducir el consumo de arroz y crear una cocina nacional, y funcionó.
- El durián está prohibido en el metro. Los carteles del BTS de Bangkok lo citan por su nombre, junto a las mascotas y las bebidas abiertas; los hoteles también lo prohíben.
- Una cabeza de Buda de piedra creció dentro de un árbol. En el Wat Mahathat de Ayutthaya, una cabeza de arenisca caída durante el incendio de 1767 está hoy presa en las raíces de una higuera, y fotografiarla obliga a agacharse por debajo de ella.
- Casi todos los edificios tienen casa de los espíritus. El pequeño altar de la esquina de la parcela realoja al espíritu desalojado por la obra, y se le alimenta a diario.
- El monzón no llega a la vez a todas partes. La costa de Andamán está húmeda de mayo a octubre, mientras que Koh Samui, en el golfo, recibe su lluvia de septiembre a diciembre.
También quedan cosas menores: que hay un 7-Eleven en casi cada esquina y vende comida caliente a las tres de la mañana; que una tienda con la persiana a medio bajar suele estar abierta; y que la gente prefiere llevarte hasta el sitio por el que preguntaste antes que explicarte dónde girar.
Y hay algo que ninguna lista transmite: el olor a carbón, citronela y ajo friéndose que sube de la calle al anochecer, mucho antes de que se vea ningún puesto.